Historia
¿Qué se conmemora hoy, 28 de diciembre?
28 dic
El apunte de hoy va a ser breve no, lo siguiente. Sólo es para dejar constancia en esta santa casa blogueril de qué narices celebramos hoy. Probablemente mañana le consigan colar alguna broma, muchos medios pondrán noticias falsas y es posible que pase un rato sin darse cuenta con el famoso muñequito blanco colgando de la espalda. Es el día de los Santos Inocentes, y nadie está a salvo. ¿Pero a cuento de que viene todo esto? A cuento de una matanza. Como lo oye.
Y además una matanza de las famosas. Seguro que conoce al organizador. Alguna vez habrá pedido su teléfono o se habrá quejado de su ausencia cuando al hijo del vecino le da por llorar a las 2 de la madrugada. Hablo, por supuesto, de Herodes. Y la matanza no es otra que la que supuestamente ordenó contra todos los recién nacidos, de ahí que se les conociera como “Santos Inocentes”. Y digo supuestamente porque no hay prueba histórica que sustente la existencia de esta matanza, pero ya sabéis, esto es liturgia cristiana y ha dejado huella en nuestro país y en latinoamérica.
Así que ya sabe, si mañana algún niño se pasa de gracioso con las bromas, imbuyase del espíritu de la festividad y ¡mátelo!
Aviso: No mate a ningún niño. Consulte con su psiquiatra o diríjase a su comisaría más cercana si siente deseos irrefrenables de hacerlo.
La honradez del científico
28 ago
Corría el año 1900, y tres científicos, separados en el espacio, se dirigían simultáneamente a la misma conclusión. Todo esto sin conocer ninguno el trabajo de los otros. Se trataba de Hugo de Vries, un botánico holandés, Carl Correns, alemán, y Erich von Tschermak, austriaco.
Sus experimentos e ideas habían llevado a cada uno a formular una teoría que parecía regir la herencia de caracteres en los seres vivos. Cuando se disponían a dar a conocer tan importante hallazgo, cada uno lo puso en común con los otros y realizaron un ejercicio de retrospectiva revisando publicaciones anteriores. Cuál sería su sorpresa que un monje agustino había dado exactamente con la clave que ellos pero 35 años antes en una revista local (La Society for Natural Sciences). Ese monje era Gregor Mendel.
En un ejercicio de honradez hacia la comunidad científica, en vez de atribuirse el mérito los tres (y por tanto, seguramente no hubieramos oído hablar de Mendel hasta mucho tiempo después) consiguieron resarcir al autor original y rescataron las que hoy son conocidas como las Leyes de Mendel.
Esta pequeña anécdota puede servir para ilustrar uno de los factores esenciales de la ciencia: La honestidad. Y la ciencia es honesta hasta en detalles como este, porque que los nombres fueran otros tras este avance científico no hubiera cambiado la dimensión y el alcance del mismo.
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Las trampas del Vietcong
11 jun
Durante la Guerra de Vietnam, el bando vietnamita -también llamados ‘Vietcong’- tuvo que hacer frente a un gran problema: La falta de recursos. Dicen que la escasez agudiza el ingenio, así que los vietnamitas, aparte de conocer el terreno y tener ventaja, desarrollaron cierto ‘ingenio macabro’ para construir y repartir trampas por la densa jungla y así hacer más tortuoso el avance norteamericano. Les invito a conocer las variopintas trampas y cepos que el Vietcong construyó durante la guerra.
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El último bandolero
18 may
Parece increíble, pero hoy vamos a hablar de Historia. Si, como lo oís, pero no va a ser una lección magistral o una revisión de sucesos clásicos. Sabemos lo que os gusta, así que este fragmento que vamos a diseccionar hoy tiene su dosis de sangre y aventuras. Permitidme pues, que os presente al sujeto que será el eje de nuestra nota histórica de hoy:
Francisco Ríos González, también conocido como El Pernales, fue un bandolero que atemorizó toda Andalucía y vino a morir a la sierra de Albacete, cerca de donde los redactores de este blog somos autóctonos. Ganó su fama entre los pobres, por ser la gente acaudalada el objetivo principal de sus robos y actuar como bienhechor de los desfavorecidos. Tanta devoción despertó esta suerte de Robin Hood, que hasta día de hoy no le han faltado nunca flores en su tumba. ¿Y quien le deja esas flores? ¿Los pobres? No, más bien la gente acaudalada temerosa de que El Pernales saliera de su tumba a seguir cometiendo robos y asesinatos instauraron este rito de llevarle flores, que se sigue manteniendo hasta nuestros días.











