He pasado mucho tiempo sin escribir en el blog principalmente porque a mí el calor me sienta igual que a los caimanes: me tumbo en el suelo panza abajo y con la boca abierta para evitar la muerte. Por lo que la pereza me ha superado en todos los aspectos pero, aunque suene a excusa por no tener ideas para escribir (que también), ya empiezo a acostumbrarme a este bochornazo horroroso.

Voy a meterme en harina con la enorme película “El incidente”, tan mala como el jugador de fútbol que titula la entrada. Hablamos de la última película del director de “El sexto sentido”, M. Night Shyamalan; quien decidió que ya que había sacado una gran película habría que hacer otra lo suficientemente mala para conservar el equilibrio en el cosmos.

No busques respuestas, es así de mala.

No busques respuestas, es así de mala.

Para empezar, no sé porque siguen dando papeles al señor Wahlberg, de quien empiezo a sospechar que hace SIEMPRE de sí mismo. Tampoco sé como Zooey Deschanel (3ª temporada de Weeds) se prestó a esta cosa.

Bueno, el tema es que una especie de virus, neurotoxina, o el último disco de Britney Spears está haciendo que la gente se suicide en masa por toda la costa este de Estados Unidos. En principio tanto el trailer como la idea es atractiva y además no se recrean demasiado hasta que comienzan las muertes, que siempre hacen a las películas más digestivas. Pero veréis por qué da tanto asco.

A partir de aquí voy a destriparla en todos los sentidos, así que si estáis locos y queréis verla seriamente no sigáis leyendo. Iré por partes.

No os mováis, el perrete asoma el hocico.

Mis pades pimos hemmanos, y yo tan nommal.

Las muertes

Se supone que una neurotoxina que se trasmite por el aire hace que, se ve que por medio de magia, la gente tenga un impulso suicida -tranquilo y meditado, no en plan rabia como en “28 días después”, sino más como que te ha tocado comprar el pan un sábado de resaca-. Suicidios, además, originales de cojones, como por ejemplo el de un hombre que pone en marcha el cortacesped, se tumba en el suelo a unos metros y espera su final y sangriento destino.

No estás usando la cabeza.

No estás usando la cabeza.

O como el caso del policía que se pega un tiro en la cabeza y el que había al lado coge el arma del suelo y se pega otro y así sucesivamente hasta, supongo, que llegó uno desde sudáfrica (cuando la confederaciones hubo terminado) a coger el arma y pegarse el tiro -en lugar de, no sé, que se pegasen de cucones contra los coches. No olvidemos que es una neurotoxina, no puta hipnosis-

Quiero que te concentres y mires muy fijamente estas toxinas que te voy a inocular.

Quiero que te concentres y mires muy fijamente estas toxinas que te voy a inocular.

Creo que en escenas eliminadas Shyamalan quiso intruducir una de un tailandés que se clava alfileres envenenados en el recto pero la productora se puso quisquillosa.

El amor

Como ya he dicho, la carente capacidad interpretativa de Mr. Random Wahlberg hace que la escueta relación casi de adolescentes que se lleva con Zooey resulte bastante patética y sosa. Sinceramente, yo soy partidario de que no empalaguen con el amor como en “Los hombres de Paco” -a la que ya le dedicaré una entrada- que hace que entres en shock anafiláctico si bien es cierto que ese tipo de relaciones entre los personajes siempre le da un toque picante a muchas películas.

No todo es culpa de lo pésimo actor que es el susodicho, también influye mucho el hecho de que los personajes son menos tridimensionales que en el “Doom”, apenas hay conversaciones entre los protagonistas ni situaciones que claramente los unan, sino más bien se ve que tenemos que prever que en en esas condiciones a todo el mundo le entran ganas de follar. Y bueno, la pequeña criatura que llevan con ellos al principio iba a ser un perro, pero los guionistas pensaron que una niña vende más y le asignaron el mismo guión. Afortunadamente no ladra, pero para lo que aporta: mismo es.

¡Morid putas plantas! ¡AAAAH!

¡Morid putas plantas! ¡AAAAH!

La causa de los suicidios

Bueno, aquí nos vamos a hinchar. Ocurre, no te lo pierdas, que las plantas, debido a que han sido durante tantos años exterminadas por el hombre para su uso y disfrute hasta tal punto que se han visto amenazadas, segregan esa ‘merde’ para exterminarnos. Pero cágate -estoy escatológico hoy-, que nos enteramos a traves de un tipo cualquiera al que no hemos visto en ningún momento anterior y sin formación médica y nos suelta, textualmente, esto (no tiene desperdicio):

Tipo – (Dejando la mochila en el suelo) Tengo perritos calientes en la mochila. Los perritos tienen mala fama. Tienen una forma chula y proteínas. Os gustan ¿verdad?.

(Mark Wahlberg en una sobrecogedora exhibición interpretativa niega con la cabeza)

T – A propósito, creo que sé la causa de todo esto.

Mark – Ah ¿sí?

T – Son las plantas, sueltan sustancias químicas. (Dirige la vista hacia Zooey que se ha mantenido al margen de la conversación) A ti te gustan los perritos ¿no?

Zooey – No.

A ver, si lo de las plantas fuese posible, sería mediante miles de años de evolución y de manera progresiva, no de un día para otro. Pero bueno, es ciencia-ficción y no hay que buscarle tres pies al gato. Pero claro, como la película es eso y no más y todavía nos quedan unos 60 minutos que hay que rellenar, pues vamos a meter situaciones tension (sí, en inglés, sin tilde en la ‘o’) que conforme trascurra el film no tendrán fuste y harán la película absurda y confusa.

Me explico, llega un momento de la trama en que Mark llega a la conclusión de que están mejorando su sistema pudiendo afectar a grupos cada vez más pequeños de gente. Algo que en realidad es una chorrada, porque la gracia es que hagan efecto a grupos más numerosos para matar a más gente de un plumazo, pero claro, a Shyamalan le hacía falta una excusa para poner a los protagonistas en apuros. Tras lo cual el grupo de Mark huye del viento -gran idea- hasta que éste los alcanza y… no ocurre nada porque el grupo es lo suficientemente pequeño. Hay que joderse, que toxina más lista.

Que la toxina hace ¿qué?

Que la toxina hace ¿qué?

Tras dos situaciones colosalmente ridículas el inci-drenthe cesa y la mejor idea que se le ocurrió al director fue, mediante un noticiario en el que entrevistan a un experto, que el hecho de que dejasen de ocurrir muertes en 24 horas va a ser un misterio por siempre. Tócate los huevos, Shyamalan.

Es grasioso porque es una metáfora

¿Me puedo frotar así la bolsa escrotal?

Situaciones colosalmente ridículas

En determinado momento llegan a una casa de viejos neuróticos con un par de chavales de no más de 14 años, tras una discusión realmente insulsa sobre la paranoia terrorista de los abuelos éstos no dejan entrar al grupo de Mark (yo tampoco dejaría entrar a Mark Wahlberg en mi casa, vale, pero por dejar pasar a Zooey hago el sacrificio) y los niños empiezan a aporrear uno una puerta y otro una ventana. Entonces los inquilinos ni cortos ni perezosos asoman una escopeta por cada sitio y les revientan el estómago y el cráneo respectivamente. Los demás huyen. Fin del truño de secuencia.

Los clásicos agujeros de velocidad.

Los clásicos agujeros de velocidad.

La secuencia posterior versa sobre una vieja, también, que está loca, también, y que finalmente acaba asesinada por el viento de las toxinas malignas (como dándonos a entender que se ha perfeccionado tanto que ya pueden matar de uno en uno. Pues Catacroker). Luego más escenas típicas a más no poder y el susodicho noticiario revelador de un minuto que es lo que más explica de la trama desde que vimos a aquel tipo de los perritos calientes.

Me llamo Ottooo, y hago el papel de Pabloo.

Me llamo Ottooo, y hago el papel de Tipoo.

Yo lo que creo es que Mr. Night Shyamalan quería hacer un documental sobre los efectos negativos de la mejor planta del mundo, pero hubo algún… incidente.

Marijuana pon di corner, it brings me calma, it makes me smarta.

Marijuana pon di corner, it brings me calma, it makes me smarta.

Si había aún alguno que quisiese que yo volviese a escribir en el blog, tomad dos tazas.